Trabajar

Bologna (Emilia Romagna), Italia

La justicia social es mejor negocio: integrar a la comunidad empresarial china en la actividad oficial

March 24, 2011

Ayudar a las empresas étnicas a adaptarse a la práctica legal y reglamentaria se traduce en una mejor integración social y económica.

Para la mayoría de nosotros, la etiqueta Made in Italy en nuestro jersey de lana merina o bolso de diseño constituye tanto un distintivo de estilo como una confirmación de que los artículos han sido confeccionados conforme a las estrictas leyes laborales de la Unión Europea (UE).

No siempre.

En Bolonia, la capital de la región de Emilia-Romaña en el norte de Italia, miles de inmigrantes chinos en Italia están empleados en la pujante industria italiana de la moda, trabajando durante muchas horas en fábricas para producir algunas de las prendas y artículos de cuero más famosos de Europa. La industria textil continúa siendo un elemento central de la economía de la región y en los últimos años, los trabajadores e inversores extranjeros han desempeñado un papel importante al sustentar el crecimiento de la industria en un mercado cada vez más competitivo.

Durante los años 2000-2005 hubo un incremento medio del 20 % en la población de ciudadanos chinos, que residen y trabajan en la región de Emilia-Romaña en el norte de Italia. Actualmente, Italia acoge a la población más numerosa de inmigrantes chinos en Europa.

Según datos de 2005 de la Cámara de Comercio italiana, la región cuenta con 1.100 talleres artesanos de propiedad china, que representan el 20 % de las empresas en la zona. Estas empresas dan trabajo a cerca de 9.000 inmigrantes chinos. A lo largo de los últimos 5 años, la emergente Comunidad Textil China (CTC) ha experimentado una tasa de crecimiento anual del 20 % que ha sido la base de este próspero negocio. La mayoría de estos recién llegados a la zona operan como subcontratados para las principales empresas y marcas italianas, haciéndose cargo de las labores que tradicionalmente requieren una mano de obra intensiva, como la costura. Sin embargo, ha surgido un número creciente de subcontratados en respuesta a la creciente demanda de flexibilidad y los elevados costes de producción de los productores locales más grandes.

La comunidad china en la región se encuentra muy unida y aislada por el idioma y las diferencias culturales, mostrando unos niveles precarios de integración con la comunidad italiana. A su vez, la falta de integración social entre estos inmigrantes los hace vulnerables a los abusos en materia de empleo; las prácticas empresariales irregulares se ven asimismo agravadas por el proceso de producción cada vez más fragmentado de la industria textil y las bajas barreras financieras y técnicas de entrada. Estas condiciones son especialmente ciertas para la comunidad empresarial china en la industria textil, en la que se estima que uno de cada diez trabajadores chinos carece de permiso de residencia.

Los esfuerzos por adaptar las prácticas empresariales de los jefes chinos a la legislación laboral italiana no han resultado sencillos y, entretanto, la percepción de que los negocios de propiedad china no cumplían las leyes italianas en materia de horarios laborales, salud y condiciones de seguridad se ha traducido en acusaciones de competencia desleal, que han dividido a las comunidades. El aislamiento de la comunidad china no ha hecho sino agravar la situación y ha atraído a la prensa netamente hostil que ha proferido protestas indignadas exigiendo que los chinos se vayan a su país. Todos estos factores han puesto de manifiesto la necesidad de una actuación que facilite la integración y a la vez mejore las condiciones laborales.

El enfoque…
En 2000 se formó el Consorzio Spinner, un consorcio local de grupos de estudio y desarrollo económico para conectar con la comunidad china y alentar a los empresarios de esta nacionalidad a que regularizasen sus negocios y se atuvieran a los estándares laborales italianos. La intervención se centró igualmente en la reforma de las prácticas de negocio dentro de los talleres chinos, así como en el problema de la hostilidad local entre la comunidad italiana y los trabajadores chinos. El objetivo a largo plazo de la intervención de Spinner consistía en transformar a estos trabajadores inmigrantes en miembros activos de una próspera economía local y en crear una mayor cohesión social.

La mayor dificultad con que se enfrentó Spinner fue la de lograr acceder a los talleres y crear un canal de comunicación con este grupo aislado. A fin de superar las barreras lingüísticas y culturales, Spinner formó y utilizó mediadores interculturales chinos, que se dirigieron a las distintas empresas para intentar ganarse su confianza. Los mediadores explicaron que el proyecto consistía en intentar ayudar a la integración de la comunidad china en Italia y dejaron claro qué obligaciones, pero también qué oportunidades, existían en Italia. Los mediadores chinos también ofrecieron ayuda a las empresas en temas relativos a la tramitación de sus documentos y de legislación italiana.

Spinner elaboró un manual bilingüe en chino e italiano, que distribuyeron al mayor número posible de empresas chinas. Este manual, el primero de su especie, contiene directrices exhaustivas acerca de cada uno de los aspectos implicados en la explotación de una empresa en Italia: desde la legislación fiscal y contractual, la salud y la seguridad, hasta consejos sobre temas bancarios y asociaciones de utilidad.

En sus visitas a las fábricas, el personal de Spinner observó que los operarios de las fábricas escuchaban la radio durante el trabajo. Al objeto de explotar esta oportunidad, crearon programas radiofónicos para chinos en su idioma y los retransmitieron por las emisoras locales. Cada programa trataba un tema relevante para trabajar en Italia.

Resultados
Spinner ha creado una red de 87 organizaciones públicas y privadas para ofrecer apoyo en el proceso de transición de los talleres chinos.

Además, han contactado con 354 empresarios chinos (32% en la zona), han visitado 187 negocios (17% de los posibles beneficiarios), han formado a 185 empresarios chinos, han ofrecido 38 servicios de consultoría en temas como regularización en el ámbito de la legislación laboral, urbanismo, recuperación de créditos para subcontratados y obligaciones fiscales. También han formado a 53 empresarios en legislación sobre seguridad y protección (el 90% obtuvo un certificado de aprovechamiento).

Spinner estuvo subvencionado en principio por el Fondo Social Europeo y por la región de Emilia-Romaña durante un periodo de 30 meses entre 2001 y 2003, pero obtuvo unos resultados tan excelentes que la financiación se prorrogó hasta 2006. En 2006, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT) y el municipio de Dubai eligieron el proyecto Spinner como una iniciativa de «buenas prácticas» para el Premio Internacional de Dubai de Buenas Prácticas para Mejorar las Condiciones de Vida (DIABP).

Además de mejorar las prácticas empresariales, Spinner ha tendido un puente entre la comunidad italiana y la china. «Hace cinco años, la gente en Emilia-Romaña sentía miedo», afirma Stefano Borsari, economista de Spinner, a lo que añade: «No existía contacto alguno entre la comunidad china y las instituciones o asociaciones locales».

El recuadro en el lateral derecho contiene referencias bibliográficas con relación a esta Buena Idea.

Cómo aplicarlo a su caso

  • Las empresas que están integradas satisfactoriamente en la comunidad en toda su extensión mejoran los estándares laborales para todo el mundo. Descubra qué tipo de apoyo están recibiendo los negocios étnicos en su comunidad para ayudarles a integrarse en la comunidad más amplia y pregunte cómo puede apoyar esta labor.
  • Averigüe si su organización podría ser la primera en convertirse en mediadora entre comunidades culturales y empresariales.
  • El gobierno local puede apoyar de forma directa la integración de los inmigrantes en el mercado laboral en calidad de empleadores, enviando así una señal a la industria local. Además de aumentar el porcentaje de inmigrantes en puestos de trabajo locales, el gobierno local puede adaptar buenas prácticas a terceras entidades, facilitando una mayor formación intercultural.

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