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Duisburg, Alemania

El milagro de Marxloh: reunir a una comunidad en torno a una nueva mezquita: La mezquita Merkez de Duisburgo

The Duisburg Merkez Mosque

March 24, 2011

La planificación participativa se traduce en inclusión social para todos los residentes y en un motivo de celebración para toda la comunidad.

La carpa que se encuentra en las proximidades de la mezquita en el distrito Marxloh de Duisburgo, una ciudad industrial y minera de la región alemana del Ruhr, tiene cabida para más de 3.500 personas, pero no fue suficiente para acoger al gentío que se reunió el domingo 26 de octubre de 2008, cuando se inauguró la mezquita más grande de Alemania -que incluye un centro de reunión para todo el distrito-, un proyecto sin precedentes en este país. Miles de ciudadanos de Duisburgo tuvieron que presenciar este acontecimiento histórico en una pantalla gigante situada en el exterior. El nuevo edificio anuncia en el paisaje urbano del Ruhr que los inmigrantes, a los que en su día se les conocía como «trabajadores invitados», ya no son huéspedes en el Ruhr, sino que han encontrado aquí un nuevo hogar.

Aparte de su tamaño -la cúpula tiene 23 metros de altura y en su interior caben hasta 1 200 fieles-, la característica que diferencia a la nueva mezquita de Duisburgo de otras de Alemania es que en Duisburgo no se ha producido prácticamente ninguna protesta contra la construcción de este edificio religioso.

En contraste, los recientes proyectos de edificación de mezquitas tanto en Colonia -apenas a una hora de distancia de Duisburgo, como en Berlín- dieron lugar a encarnizadas campañas locales contra los edificios propuestos. Los partidos de extrema derecha aprovecharon el asunto para suscitar los sentimientos anti-islamistas y el Partido Pro-Colonia convirtió su oposición a la mezquita en su principal argumento político.

La facilidad con la que se construyó la mezquita en Marxloh se debe al enfoque cooperativo con el que fue planificada. Los más cínicos sostienen que, en parte, todo ha discurrido pacíficamente en Marxloh porque el minarete de 34 metros es la mitad de alto que la aguja de la iglesia católica, y que la comunidad islámica decidió desde un principio prescindir de la llamada a la oración del muecín. Los diseñadores se anticiparon a posibles críticas incluyendo ventanas de vidrio pulido para hacer más diáfanas y visibles las estructuras del interior de la mezquita.

Sin embargo, tiene mucha mayor importancia el simple hecho de que la gente de Marxloh se reuniera y conversara entre sí. Zuelfiye Kaykin, directora del centro de la comunidad turca, afirma que no se produjo ningún debate disyuntiva porque desde un principio se invitó a los políticos alemanes, a los dirigentes eclesiásticos y municipales para que asesoran sobre el proyecto: «Son personas en las que la gente confía. Su incorporación para que participaran en el desarrollo del planteamiento y la construcción es una de las razones por las que no ha habido ninguna crítica pública estentórea», afirma.

Los planes para la mezquita incluían un centro de reunión y celebración para la población local. El centro comunitario dispone de una entrada independiente de las zonas de oración, diseñada para que las personas que no sean de fe musulmana se sientan más cómodas al entrar. La mezquita tiene ventanas de gran tamaño (a sugerencia de un sacerdote católico en el grupo consultivo) como detalle para favorecer la transparencia. El recinto de entrada incluye una zona abierta de diálogo entre la comunidad musulmana y los seguidores de distintas creencias, así como un centro de información, un café Internet junto con salas de conferencias y lectura tanto para los musulmanes como para los que no lo son.

«El hecho de que nos pudiéramoss reunir todos para celebrar la inauguración constituye realmente un pequeño milagro en Marxloh», afirma Elif Saat, presidenta del centro de educación y reunión de la Unión Islámica Turca (DITIB) en Marxloh. Con motivo de la fiesta que rompía el ayuno diario del mes santo musulmán del Ramadán, los alemanes y los turcos compartieron las mesas redondas en una enorme carpa blanca al otro lado de la calle de la mezquita. A ambos lados del pequeño escenario podían verse pancartas publicitarias de Mercedes y un banco nacional. Es la primera vez que las sucursales locales de dichas grandes empresas alemanas patrocinaban un acto del Ramadán en la ciudad. «A mi juicio, no constituye sino una señal clara de reconocimiento del potencial turco. Vislumbran oportunidades aquí», afirma la presidenta.

El edificio parece estar beneficiando ya al distrito. Tan pronto comenzaron los trabajos de edificación, las casas residenciales de nueva construcción al otro lado de la calle comenzaron de pronto a venderse más fácilmente, y los precios inmobiliarios en la zona, que se caracteriza por una elevada tasa de paro y un alto porcentaje de inmigrantes, se mueven al alza. De las más de 18.000 personas que viven en Marxloh, más de 6.000 tienen antecedentes de inmigración. Muchas son inmigrantes de segunda generación, hijos de «trabajadores invitados» turcos que llegaron a Alemania durante la década de los cincuenta, sesenta y setenta para paliar la escasez de mano de obra durante el milagro económico alemán.

Un lugar para el aprendizaje y el diálogo intercultural

En el lugar en el que los musulmanes de Marxloh tuvieron que contentarse en su día con una cafetería abandonada como lugar de culto, ahora se levanta una estructura aclamada a escala internacional. Pero también se imparten clases de alemán y de turco en la mezquita y es de esperar que los alemanes y los turcos, musulmanes y no musulmanes se reúnan allí. Por esta razón, el Estado Federal de Renania del Norte-Westfalia y la Unión Europea han contribuido a los 7 millones de euros que ha costado la construcción con 3,2 millones de euros para el lugar de reunión. El resto del coste del edificio ha sido financiado mediante donaciones. También ha participado la Unión Turco-Islámica (DTB). Cerca de 600 empresas constituyen el colectivo de importantes empresarios para la mezquita, en una comunidad de 496.000 habitantes, de los que 60.000 son musulmanes.

El presidente de la mezquita de Marxloh, Mehmet Ozay, recalcó la unidad que ésta representa durante la ceremonia de inauguración: «Puedo asegurarles que esta preciosa nueva mezquita es bastante segura; no es un símbolo de la división social de Alemania, sino de los beneficios de la interacción humana, religiosa, cultural y social», afirmó.

El recuadro en el lateral derecho contiene una selección de referencias bibliográficas con relación a esta Buena Idea.

Cómo aplicarlo a su caso

  • Las nuevas comunidades, como las nuevas ideas, pueden necesitar una comunicación, consulta y debate eficaces con una amplia sección transversal de los dirigentes de la comunidad para que sean aceptadas por la opinión general.
  • La participación y su reconocimiento público son un componente fundamental para un proceso de integración satisfactorio.
  • Pueden surgir tensiones entre los grupos étnicos en el caso de que las oportunidades para el encuentro y el intercambio intercultural sean limitadas; ¿qué puede hacer su comunidad para crear espacios y foros para el diálogo y la interacción?

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